Líbano: Protestas Exigen la Renuncia de Aoun y un Fin al Gobierno Sectario

Foto: Manifestantes Líbaneses liderezan una sentada mientras que la policía antidisturbios observan

Este artículo es una traducción

Por Miriam Cordova

Protestas por todo Líbano, especialmente en ciudades importantes como Beirut y Trípoli, han entrado su cuarta semana consecutiva, y han visto la participación de decenas de miles de gente. Según el anuncio de dimisión del primer ministro, Saad Al-Hariri, al principio de este mes, los manifestantes exigen contra el resto de la política élite, específicamente el presidente Michel Aoun, con llamadas para renunciar a la oficina.

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Protestas masivas han continuado en Trípoli, donde se estima que la tasa de desempleo es 50%

Las protestas fueron encendidas por un impuesto a las llamadas de Whatsapp propuesto, pero se han transformado a una llamada general por un nuevo gobierno. El impuesto fue derogado rápidamente, pero manifestantes han llamado la atención a otros problemas como la corrupción en el gobierno, desempleo alto, una provisión de agua inconfiable, cortes de energía frecuentes, y la deuda masiva del país: $86 mil millones de dolares (150% de su PIB).

Las protestas han sido las mas grandes en una década, e incluyen bloqueos de carreteras, ocupaciones de edificios gubernamentales, y el cierre de bancos, escuelas, y negocios por todo lado del país. Han sido caracterizado como un movimiento sin líderes y no sectario. Mientras que hay algunas confrontaciones con la policía antidisturbios, las protestas se distinguen de las protestas de América Latina por manera de generalmente usar métodos no violentos, como sentadas.

Con al-Hariri fuera del gobierno y Aoun en la mira, muchos manifestantes están exigiendo una revisión  completa del sistema político actual y el fin del gobierno de modelo sectario por completo.

Marcando un fin a la Guerra Civil Líbanesa de 1975-1990, el Acuerdo de Taif creo un gobierno de coalición, decretando que la presidencia está reservada para un cristiano, el primer ministro sunita, y el presidente del parlamento chiíta. Al-Hariri esta respaldado por los poderes Occidentales y se inclina hacia los intereses de Arabia Saudita, mientras que la sección chiíta del gobierno esta mas vinculada a los intereses de Irán.

Aoun ha intentado posicionarse como un defensor de los manifestantes, llamando por un gabinete tecnocrático para reemplazar el sistema actual e instituir reformas económicas.

El 3 de noviembre, un grupo de manifestantes se manifestaron en frente del palacio presidencial en apoyo con Aoun, sin embargo, solo unas horas después, decenas de miles de manifestantes antigubernamentales salieron a las calles exigiendo su renuncia y gritando: “Todos significa todos!”

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El líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah, se dirige a sus seguidores a través de un discurso televisado

El partido político chiíta Hezbolá se encuentra en una posición precaria. Se opusieron a la decisión de al-Hariri a renunciar, con el líder Hassan Nasrallah inicialmente criticando las protestas, diciendo que los poderes extranjeros los explotarían para socavar al partido. También han habido informes de que Hezbolá y Amal, otro partido chiíta, han destruido las tiendas de los manifestantes y asaltado a los manifestantes.

Esta estrategia ha cambiado recientemente ya que las protestas no muestran signos de detenerse, según Nasrallah: “Se debe formar un nuevo gobierno lo mas antes posible … y el nuevo gobierno debe escuchar las demandas de las personas que salieron a las calles.”

Mientras que las protestas continúan, la crisis económica del capitalismo burocrático continua profundizándose en el país con cierta preocupación de que el gobierno pueda colapsar si no se hace algo pronto. La política élite, representada por Aoun y Hezbolá, esta tratando de hacer todo lo que este en su poder para mantener el orden actual mientras hace reformas para apaciguar a los manifestantes y evitar una mayor desestabilización.

Las masas de Líbano tienen razón en rebelarse contra su gobierno y el sistema de sectarismo que deja el control del país a un grupo de familias de élite. Sin embargo, la falta de liderazgo proletario, o cualquier liderazgo en absoluto, deja al movimiento abierto a la influencia de los oportunistas.

Llamadas por un gabinete tecnocrático basado en la “experiencia” sin tomar en cuenta la linea política abren el país a lacayos aun mas fuertes del imperialismo, que promocionan sus credenciales burguesas para presionar por medidas de austeridad severas y por mayor inversión extranjera de los imperialistas, principalmente de los Estados Unidos.

Solo a través del liderazgo proletario de un partido comunista autentico, el pueblo de Líbano podrá liberarse de la élite nacional y de los imperialistas internacionales que desean dominarlos.