BOLIVIA: Golpe por la Derecha Derroca al Gobierno Oportunista de Morales

Foto: El Presidente de Bolivia, Evo Morales, Anunció su Renuncia el Domingo Pasado

Este artículo es una traducción.

Por Gus Depaz

El 10 de noviembre, el presidente boliviano, Evo Morales, anunció su renuncia después de semanas de protestas motivadas por acusaciones de fraude electoral.

Morales ha ocupado el cargo durante los últimos 14 años, pero pudo postularse para otro mandato después de que el Tribunal Constitucional decidió levantar los límites del mandato presidencial en 2017.

Las elecciones bolivianas requieren una mayoría de votos o una ventaja de diez puntos sobre el segundo lugar para evitar una segunda vuelta. Las denuncias de fraude surgieron después de que las autoridades electorales dejaron de anunciar resultados durante 24 horas. Durante ese tiempo, los números de Morales superaron el margen de diez puntos.

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Partidarios de Morales y grupos de oposición se enfrentan en la calle durante las protestas

Una vez que los resultados de las elecciones fueron disputados, una gran ola de protestas estalló en todo el país. Las masas se rebelaron en rechazo al viejo estado reaccionario, que en los últimos 14 años solo ha servido para profundizar el carácter semicolonial del país, aumentando la explotación del campesinado y los trabajadores al seguir un camino de colaboración de clases.

Las protestas se intensificaron por grupos de la derecha extrema vinculados tanto al imperialismo estadounidense como a la facción compradora de la gran burguesía. Cuando las protestas llegaron a un punto crítico, el ejército y la policía se opusieron a Morales, y los altos funcionarios exigieron su renuncia. Ahora Morales huye a México en busca de asilo bajo otro oportunista, el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador.

Los acontecimientos del mes pasado en Bolivia son representativos de lo que está sucediendo en toda América Latina: la profundización de la crisis general del imperialismo y, por extensión, la crisis del capitalismo burocrático. A medida que el precio de las materias primas cae y el “auge” económico que los países semi coloniales experimentaron al exportarlos disminuye, la esencia podrida de este “desarrollo” se revela cada vez más.

Los gobiernos alineados con la burguesía burócrata, ejemplificada por Morales, son menos capaces de cumplir con las reformas que prometen a las masas y están cada vez más obligados por el imperialismo estadounidense y los capitalistas nacionales a aumentar la explotación e instituir medidas de austeridad.

La Declaración Conjunta de Partidos y Organizaciones Marxistas-Leninistas-Maoístas describe la situación: “En esta década hay una mayor descomposición del viejo Estado que lo apoya y lo defiende [el capitalismo burocrático]. [Hay un] crisis política de regímenes reaccionarios, de ambas facciones [comprador y burócrata], incluidos los encabezados por el oportunismo. Los regímenes se elevan al gobierno para administrar los viejos Estados en condiciones de cierta bonanza fiscal (“goteo”) que les permitió manipular a las masas y aplicar el corporativismo y el clientelismo para contenerlos utilizando los ‘programas sociales’ como en Brasil con el gobierno reaccionario encabezado por Lula y el PT [Partido de los Trabajadores].”

Mientras Morales busca asilo en México, son las masas de Bolivia las que más sufrirán bajo el golpe de la derecha. Ya sea que vivan bajo un régimen fascista de derecha extrema representado por el líder opositor Luis Fernando Camacho, o bajo una junta militar, son las personas las que estarán sujetas a los caprichos del imperialismo, en este momento principalmente el imperialismo estadounidense, lo que significa una mayor explotación y miseria.

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El líder de la oposición fascista y cristiano Luis Fernando Camacho

Los golpes de derecha no caen del cielo, se vuelven operativos sobre la base de contradicciones en una sociedad existente, que el imperialista estadounidense y su CIA utilizan para llevar a cabo sus fines dudosos.

La política que dio lugar a este golpe militar de derecha proporciona más argumentos para la destrucción del viejo estado y la necesidad de la dictadura del proletariado. Si bien el revisionismo y el oportunismo no logran ofrecer lo que las masas realmente necesitan, la derecha se aprovecha y moviliza a los segmentos más reaccionarios de la sociedad (en este caso motivados por el imperialismo estadounidense) para imponer potencialmente el fascismo o la dictadura militar. Al final del día, son los campesinos y trabajadores pobres de Bolivia quienes sentirán la presión del botín militar a instancias de los imperialistas estadounidenses.

Incendiary condena enérgicamente las acciones del imperialismo estadounidense en Bolivia y el gobierno golpista sobre la base de su sumisión al imperialismo. El pueblo de Bolivia tiene razón al rebelarse contra tal golpe antipopular, y sus luchas no deben ser barridas bajo la alfombra de la ineptitud del régimen de Morales, que en el análisis final capituló ante el imperialismo una vez que ya no pudo servirlo de manera efectiva.